Jaén Taurino

El Planeta de los Toros desde Jaén

Crónicas

A hombros por la puerta grande Emilio de Justo y David de Miranda en el cierre de la feria de San Lucas

Plaza de toros de Jaén. Coso de La Alameda

Sábado 17 de octubre de 2026. Más de tres cuartos de plaza en tarde lluviosa al principio.

Seis toros de El Parralejo, bien presentados y de gran juego en conjunto. El quinto, Marsellés de nombre, número 88, de 465 kilos, negro bragado, nacido en 03/22, premiado con la vuelta al ruedo.

DAVID FANDILA «EL FANDI» Lila y oro con cabos negros Oreja y dos orejas y rabo
EMILIO DE JUSTO Nazareno y oro Oreja y dos orejas y rabo
DAVID DE MIRANDA Rosa y oro Oreja tras aviso y dos orejas

Incidencias: A la muerte del cuarto, El Fandi, con permiso de autoridad y compañeros, abandonó la plaza para emprender viaje hacia Lima (Perú), donde está anunciado este domingo en la Feria del Señor de los Milagros

A Juan Bernal, que se retiró de los ruedos, se le hizo entrega de un reconocimiento por parte de Emilio de Justo junto a sus compañeros y el empresario Alberto García.

También fue homenajeado antes del inicio del festejo por parte del personal de plaza el arenero Francisco Castillo “El Chispa”, tras poner fin a su actividad tras varias décadas de servicio en la plaza de toros de Jaén

Amenizó con la música la Sociedad Filarmónica de Jaén.

 

 

Tarde de paraguas al más puro estilo Jaén. Así pintaba el festejo y así se inició, recordándonos la clásica imagen del cielo encapotado sobre el Coso de la Alameda y el tendido multicolor soportando la lluvia.

El piso de plaza aguantó a la perfección y permitió el toreo, de forma que el final de feria se pudo desarrollar conforme a lo previsto.

De nuevo un entradón, superando incluso bastante más el registrado el pasado domingo. La magnífica respuesta de público de este año pone en evidencia que a Jaén le cabe un festejo más. Pero también que el público de hoy es más fiestero que nunca, facilón, ayuno en conocimientos y futbolizado a veces en sus formas gritando a destiempo y coreando como si esto fuera La Victoria o repitiendo las palmas por Huelva como al torero David de Miranda porque unos pocos aficionados onubenses rompen a hacerlo ahí y la gente se deja llevar.

A voces le gritaron ¡Presidente Dimisión! a Lope Morales como si fuera el propio Pedro Sánchez, pegando una bronca monumental al palco por no conceder más trofeos en el segundo y tercero por faenas que en ambos casos fueron despeñados con infames bajonazos. Y no sólo eso, jaleados por las propias cuadrillas  —la del Fandi es reincidente en esta plaza— y el descaro del tiro de mulillas contribuyendo a forzar la petición dando llegando hasta el toro por el camino más largo y plantándose a metros de él sin atisbo de ejercer con agilidad su labor. Exigente el palco en la primera parte y benevolente en la segunda parte del festejo. Pero claro, el nivel de la plaza está como está y el triunfalismo se acaba imponiendo.

Trajo El Parralejo a Jaén una corrida muy desigual de presentación pero que en cambio sí desarrolló un juego muy importante en su conjunto. Con toros que desarrollaron una bravura que no siempre se supo aprovechar. Debutó esta divisa con muy buena nota en Jaén.

El Fandi vivió en Jaén una de sus tardes más importantes por la vía de lo emocional. Sumó su paseíllo número veintidós en esta plaza. No se dejó nada atrás, desplegando toda su personal tauromaquia en todos los tercios abundando el toreo de rodillas desde las largas de recibo al inicio igualmente de rodillas muleta en mano, donde por cierto abundaron los molinetes de forma constante. En ambos toros se metió al público en el bolsillo tras parear en banderillas de forma vibrante e incluso solicitar un cuarto par en cada toro. En el segundo, tras colocar el cuarto par al correr hacia atrás en la cara del toro, éste le terminó apretando contra las tablas del tendido 8 prendiéndolo de forma muy aparatosa. Parecía que podía haberle calado y llevar más de un varetazo, pero aún así el torero de Granada se vino arriba y se arrebató firmando una faena de entrega y muy pasional en su forma de torear, con el compás excesivamente abierto y el cuerpo muy encorvado en cada muletazo, llena de recursos efectistas y que tuvieron su eco en los tendidos. Mató de una estocada y aún necesitando un golpe de descabello se le premió con los máximos trofeos que paseó en una clamorosa vuelta al ruedo donde no se llegó a desprender del rabo en ningún momento y tras solicitar el preceptivo permiso abandonó el ruedo precipitadamente ya que tenía que viajar a Perú a tiempo donde está anunciando en su Feria del Señor de los Milagros en Lima. La plaza de Jaén lo despidió bajo los gritos de ¡Fandi! ¡Fandi!.

Emilio de Justo regresaba a Jaén y lo hizo ante un toro que se tiró de cabeza al callejón, viviéndose momentos de dramatismo. Al ayuda de una de las cuadrillas se le cayó literalmente el toro encima.

Nos recordó Emilio de Justo en su primero al torero que encandiló años atrás a esta plaza con la hondura de su toreo al natural. La faena, tuvo ritmo y sentido de la medida. También emoción y fue importante, pero la remató con un bajonazo imperdonable. Ahí fue donde se empezó a liar el follón en la plaza tras ser premiado solamente con un trofeo.

Y precisamente por eso y por lo cara que se estaba poniendo la tarde decidió marchar a portagayola, situándose bastante retirado de las rayas del tercio. Esa imagen de Emilio de Justo postrado de rodillas frente a los toriles era inédita en esta plaza donde tanto ha toreado en todos estos años. Estuvo irreconocible Emilio de Justo en la faena a este cuarto ofreciendo una cara de su toreo que no le conocíamos.

Tras picar su picador Juan Bernal al cuarto, bajo los sones de Nerva porque se despedía de los ruedos, ofreció un quite basado en lancear a una mano como si estuviera dando un muletazo. Ya con la muleta, fue impetuoso, toreando de rodillas en los primeros muletazos para luego basar casi la totalidad de la faena en el toreo al natural por ambas manos desprendiéndose del ayuda, llegando incluso a resultar algo vulgar algunos pasajes ante la falta de mando aunque le salieran bordados los remates. Retomó con las manoletinas finales la intensidad y mató de una estocada que se resultó fulminante.

Cerraba cartel David de Miranda, que debutaba en Jaén. El estaticismo y el valor de su toreo sorprendieron a quienes no lo habían visto torear ni lo conocían en esta plaza cuyo público se encandiló con el quite de gaoneras sin moverse del sitio al primero de su lote. Después, de rodillas toreó dando ayudados por alto en un inicio espectacular y vibrante que puso a la plaza en pie, algo que volvería a repetirse gracias al descomunal valor que tiene este toreo onubense ya que al toro le acabaron fallando las fuerzas y el torero de Trigueros se quedaba muy quieto por donde el toro no quería pasar. Con las manoletinas finales puso el epílogo a una faena que fue rematada con otra estocada muy baja recibiendo además un aviso al excederse en su cometido. Premiado con una oreja, el público festivalero quiso más y ahí fue cuando llegó la gran bronca al presidente, que seguramente se tuvo que oír en La Salobreja y San Ildefonso.

La feria se cerró con un “zambombo” de seiscientos kilos al que cuajó con el capote de salida y con el que se explayó en un vistoso quite por tafallaeras y gaoneras en los medios. No dijo gran cosa el toro al que toreó David de Miranda con suavidad y con el que firmó lo mejor en el último tramo de la faena al torear al natural a pies juntos y muy corta distancia. La estocada, algo delantera, fue más que efectiva y premiado con las dos orejas, quizás algo excesivas.

Así terminó la feria de San Lucas que en lo taurino ha vuelto a celebrarse un año más partiendo sus fechas en cada fin de semana y que ha destacado, sobre todo, por la excelente respuesta de público registrando la plaza de toros de Jaén dos entradones como hacía tiempo no recordábamos. En lo negativo, se hace necesario apuntar la deriva del nivel de la plaza, populista en exceso en los últimos años, y que trae como consecuencia un afán triunfalista que se apodera de los tendidos y acaba desembocando en una generosidad casi ilimitada muchas veces sobre lo que pasa en el ruedo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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