El Planeta de los Toros desde Jaén

Crónicas

Triunfo de la terna en el regreso de la Corrida del Renacimiento de Baeza

Plaza de toros de Baeza.
Más de tres cuartos de entrada en tarde de calor sofocante, con tímida presencia de lluvia al inicio.

Se lidiaron cuatro toros de Garcigrande (2º,4º, 5º  y 6º) y dos de Domingo Hernández (1º y 3º), bien presentados y de juego desigual.

«Morante de la Puebla» Tabaco y oro Ovación tras aviso y dos orejas tras aviso
José María Manzanares Catafalco y oro Dos orejas y dos orejas
Pablo Aguado Azul noche y oro Ovación y dos orejas

La centenaria plaza de toros de Baeza celebraba el pasado sábado la tercera edición de su corrida de toros del Renacimiento. Un festejo taurino que nació con vocación de continuidad en el tiempo pero que se ha visto interrumpido por la pandemia y sus circunstancias.

Con esta corrida Baeza busca tener una fecha taurina marcada en el calendario, que cada año por primavera traiga a las figuras del toreo y todo ello bajo la identidad renacentista que marca a una ciudad que es patrimonio de la Humanidad. Por ello, alguacilillos, areneros, clarineros y timbaleros lucen ataviados con la vestimenta propia de la época.

Y al reclamo de una terna que anunciaba a tres toreros de mucho tirón el público respondió, registrando la plaza baezana una importante entrada.

Morante de la Puebla, José María Manzanares y Pablo Aguado trenzaban el paseíllo para enfrentarse a toros de Garcigrande, haciéndolo Manzanares desmonterado ya que se presentaba por primera vez en esta plaza de toros, siendo a la postre el máximo triunfador de este festejo tras cortar cuatro orejas.

El encierro enviado por Garcigrande ofreció un juego dispar, adoleciendo de fuerzas algunos de sus ejemplares, lidiándose toros del otro hierro de la casa, el de Domingo Hernández, concretamente el primero y tercero de la tarde.

Abría cartel Morante de la Puebla, torero que sigue en estado de gracia esta temporada. Salió suelto en el inicio de capa el primero de la tarde, del hierro de Domingo Hernández. Ya con la muleta una faena que Morante basó en el toreo a media altura. Por el pitón izquierdo el toro se fue parando, pero aún así Morante consiguió torear templado al natural.

Recibió a su segundo con un lance en desuso como son las tijerillas, haciéndolo rodilla en tierra para luego lancear a una mano y posteriormente torear muy suave a la verónica. Sigue el torero de la Puebla del Río rescatando suertes olvidadas de la tauromaquia, totalmente desconocidas para el gran público.

Brindó el cuarto de la tarde a la alcaldesa de Baeza, Lola Marín y a continuación, para sorpresa de todos hincó las dos rodillas en tierra para iniciar su faena de muleta toreando con ayudados por alto. Arrojo y ambición en el torero sevillano, locura desatada en los tendidos llegando a poner en pie a algunos espectadores.

Tras ello, vinieron grandes pasajes toreando con la derecha a un toro que repetía y embestía con clase por ese pitón, no así por el izquierdo con el que este toro apenas dio opciones en cuanto Morante lo probó al natural.

Faena inteligente, medida y con brotes de inspiración la de este cuarto de la tarde. Tras pinchazo y media estocada, le fueron concedidas las dos orejas,

Debutaba como matador de toros en Baeza José María Manzanares, y lo hacía con casi veinte años de alternativa a sus espaldas. El alicantino triunfó rotundamente en este festejo. Cortando sendas orejas a sus dos oponentes.

Apenas pudo lucirse en el recibo con el capote, con un toro que no terminó de definirse. En la muleta ya fue otra cosa, pues el toro permitió a Manzanares torear prácticamente a placer si bien el toro acusaba la fuerza y eso deslucía la tanda completa de muletazos. Pero ahí quedaron derechazos de mucha profundidad. Mató recibiendo Manzanares, cobrando una estocada entera, cayendo el toro sin puntilla.

Y en el quinto, segundo de su lote, Manzanares ofreció una gran dimensión en una faena que fue a más a pesar que el toro en la segunda tanda doblase las manos y se echase, barruntando lo que parecía que podría acabar antes de lo previsto, pero afortunadamente no fue así. Manzanares templó su toreo al natural ante un toro que era pronto al toque de la muleta, embistiendo con codicia y largura, permitiendo que los muletazos por el izquierdo – siempre a media altura- se sucedieran con continuidad. De nuevo firmó otra gran estocada y recibió las dos orejas.

Completaba la terna Pablo Aguado, quien anduvo con peor suerte en su lote. El más deslucido del encierro.

Dejó sobre el albero un saludo capotero con varios lances sobrados de empaque a la verónica, rematados con una media cadenciosa, lenta, casi infinita. Pero esas buenas sensaciones iniciales luego no pudieron reeditarse del todo en la muleta merced a un toro que se vino abajo pronto. Aún así, a Aguado se le vio torear.

Y espoleado por el triunfo de sus compañeros, salió Pablo Aguado a darlo todo en el que cerraba la corrida y que el sevillano recibió con una larga cambiada, para después de lancear con clase en el capote rematar con una torerísima media de rodillas casi en el mismo anillo de la plaza. Y hasta allí precisamente se fue para brindar al público la muerte del último de la tarde, para luego iniciar con un bellísimo toreo a dos manos, todo acompasado y cadencioso, metiéndose al público en el bolsillo en cada muletazo…hasta que el toro, en el remate dobló las manos y se echó. De nuevo ese rún- rún en el ambiente de otro toro que podría echar al traste lo que parecía una faena ilusionante. Supo aprovechar Aguado lo poco que el toro le iba a permitir y en escasos cinco minutos construyó una faena firme y suficiente con la que el público consiguió ver el toreo que atesora Pablo Aguado.  Mató de media estocada y fue premiado con las dos orejas.

Al final, la terna a hombros por la puerta grande. La mejor fotografía de una corrida de expectación con la que Baeza ha recuperado su corrida del Renacimiento