Jaén Taurino

El Planeta de los Toros desde Jaén

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Y José Tomás se fue andando…

Plaza de Toros de Jaén. Coso de La Alameda. Lleno de «No hay billetes» en tarde muy calurosa

Cuatro toros. 1º y 3º de Victoriano del Río. 2º de Álvaro Núñez. 4º de Juan Pedro Domecq.

JOSÉ TOMÁSTabaco y oroSilencio
Silencio
Oreja
Oreja

Para los aficionados que somos de Jaén,Jaén – como anuncian los autobuses urbanos con el slogan del Ayuntamiento- esta corrida de toros ha sido una catarsis que ha removido los cimientos de nuestra ciudad, no sólo en lo taurino sino también en lo social.

Desde principios de marzo hasta ahora a muchos entre los que me incluyo nos han dado la matraca día sí y día también con esta corrida de toros. Por múltiples motivos: por hacerse con una entrada alguien a quien se le ha despertado una repentina afición taurina, por no encontrar alojamiento por ningún lado, para buscarle donde comer por San Ildefonso a un grupo de quince  o por querer el cartel de esta corrida que no aparecía por ningún escaparate de Jaén hasta hace unos días.

Los aficionados jiennenses siempre recordábamos que del toreo contemporáneo en las dos últimas décadas aquí habían toreado todas las figuras del toreo menos José Tomás. No como si fuera un orgullo, sino todo lo contrario. Era una de las muchas resignaciones con las que muchos jienenses nos hemos criado. Similar por ejemplo al hecho de que la Selección Española de Fútbol nunca haya venido por aquí. Pues lo mismo.

Por eso esta corrida tenía el aliciente de dar a Jaén la oportunidad de ver torear a José Tomás en su ruedo, porque nunca había sucedido siendo matador de toros y francamente dábamos por hecho que ya no ocurriría.

La actuación de José Tomás en Jaén, previamente, había puesto a nuestra ciudad en el mapa como suele decirse. Pero desde el minuto 1 mucho de lo que ha rodeado a esta cita se ha llenado de elementos que costaban entender e invitaban a la controversia: único espada, cuatro toros de tres hierros, un sistema de venta de entradas que obligaba a batallar, ausencia y desconocimiento de precios hasta el último momento, supresión del manifiesto de los toros (cosa que en Jaén ha dolido muchísimo) y hasta incluso ha desaparecido la bandera de España en las tablas recién pintadas de la barrera.

A este festejo vinieron aficionados desde Melilla y desde las Islas Azores. Desde Francia y hasta de Argentina. Pero en cambio hubo aficionados que viven en la calle Tablerón o Teodoro Calvache que hoy no estaban sentados en su tendido habitual del Coso de La Alameda y su lugar era ocupado por multitud de acentos foráneos.

Expectación por las nubes. A priori todo a favor, y a la postre, una decepción absoluta. José Tomás salió andando por el patio de caballos en lugar de hacerlo a hombros por la puerta grande camino del Felipe Arche. Lo hizo bajo una sonora pitada por parte de muchos aficionados que pidieron que se lidiase el sobrero y poder ver algo más. Pero ni eso.

Cuatro toros en escasamente hora y media de festejo con dos orejas como resultado, despreciando incluso la que se le concedió en el tercero, arrojándola al suelo en cuanto se la entregó el alguacilillo.

Los cuatro toros lidiados ofrecieron un juego muy pobre y dieron al traste con las esperanzas de la corrida, algunos con una presencia bastante justa siendo incluso protestados de salida como lo fue el segundo, del hierro de Álvaro Núñez (ganadería que lidiaba por primera vez en Jaén).

Abanto el primero de la tarde, con el que José Tomás con el capote nos hizo reencontrarnos con su toreo lento, templado y estático. Ese que todos recordamos de él. Algunas tandas ligadas de cierta intensidad pero sin terminar de coger ritmo la faena, hasta que todo se vino abajo cuando José Tomás quiso torear al natural y el toro definitivamente desertó. Pinchó y se atascó en el descabello.

              El segundo fue protestado de salida por su presencia. Toro con algo de genio y descompuesto. Algo de voluntad en José Tomás pero no mucho más. Al término de ese toro se estaba imponiendo el tedio en el festejo e iba creciendo la impaciencia en el tendido. De hecho, para entonces me sonó el teléfono y una voz me dijo: Jaén 2 – José Tomás 0…

En el tercero, a partir del rotundo quite por gaoneras parecía vislumbrarse algo de esperanza. Tras ello José Tomás nos dejó una imagen inusual en su tauromaquia – inédita incluso, pues no le recuerdo así- al iniciar la faena de muleta con la montera calada y torear así. No terminó de entregarse el toro de Victoriano del Río y sonó un vozarrón en el tendido de un gachón que decía que se estaba aburriendo, siendo esa precisamente la sensación generalizada en la plaza.

Paradójicamente, tras coger la espada de matar y después de sonar la música es cuando realmente se vio lo mejor. Toreando al natural en el epílogo de la faena es cuando de verdad se le vio torear en dos tandas rotundas. Mató y parte del público pidió la oreja, se le concedió y hubo numerosas protestas. José Tomás despreció de forma muy fea el trofeo dejándolo caer sobre el ruedo en lugar de entregárselo a un banderillero de forma discreta y razonable. Ese gesto también cabreó al personal.

Y salió el cuarto, que fue el que mejores condiciones desarrolló y con el que José Tomás pudo entregarse o dar su mejor versión en esta corrida en la que su actitud precisamente dejó mucho que desear. Se simuló prácticamente el tercio de varas con un picotazo. El torero tiró por la vía de su estaticismo y bajo los compases de “Nerva” interpretados por la Banda Sinfónica de Jaén – no por la Banda Municipal como muchos creen- interpretó ese toreo que andábamos buscando, si bien en determinados momentos hubo mucho desajuste porque ni siquiera los muletazos salían limpios. Cayó otra estocada y otra oreja, más razonable que la anterior e indiscutible.

Ahí terminó todo, cuando la corrida comenzaba a coger ritmo. El público se quedó con ganas de mucho más, pidió el sobrero y José Tomás tras refugiarse en el callejón durante unos segundos después de dar la vuelta al ruedo decidió que ahí culminaba su compromiso con Jaén. Partió de nuevo en dirección al patio de caballos en lugar de hacerlo a hombros, cabizbajo e inmerso en una división de opiniones con más pitos que palmas por parte de un público que llenó el Coso de La Alameda para ver una tarde de toros “al estilo Jaén”, que si no es bajo la lluvia como muchas veces sucede, puede ser bajo los más de cuarenta grados que ayer padecimos y que a los jiennenses no nos resulta extraño porque estamos acostumbrados a ello.

Una corrida que escribe una página más en la historia taurina de nuestra ciudad y de esta plaza que cumple seis décadas de vida en esta temporada. Pero nos deja unas extrañas sensaciones a quienes somos de aquí y es el Coso de La Alameda el escenario donde se cumplen nuestros sueños especialmente cuando la temporada toca a su fin por San Lucas en octubre. Será entonces cuando volvamos a nuestra normalidad después de lo vivido tras el paso de José Tomás por Jaén, veintisiete años después de aquel primer paseíllo que hizo aquí como novillero en un festival y del que muchos no se acordaban.

Esta corrida en cambio sí permanecerá en el recuerdo de todos. Por todo lo que ha supuesto, pero especialmente porque no conseguimos ver aquello que parecía que nos habían prometido.

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