Jaén Taurino

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Crónicas

Tarde de alto voltaje en la plaza de toros de Úbeda con triple puerta grande y el No hay billetes en las taquillas

Plaza de Toros de Úbeda. Feria San Miguel.3 Octubre 2026.

Lleno absoluto, colgándose el cartel de “No hay billetes”.

Seis toros de Jandilla y uno de Juan Manuel Criado, lidiado en 2º lugar como sobrero.

Morante de la Puebla Azul rey y oro Ovación y dos orejas
Roca Rey Blanco y oro Dos orejas y rabo y dos orejas tras aviso
David de Miranda Pizarra y oro Dos orejas y rabo y dos orejas y rabo

 

Úbeda lo volvió a hacer. Por tercer año consecutivo se colgó en las taquillas el “No hay billetes”. Hora y media antes era constante el goteo de aficionados que se acercaban hasta allí buscando el milagro de adquirir una entrada suelta.

Volvieron a repetirse esas largas colas que daban la vuelta a la plaza y se solapaban una con otra en la calle para acceder al Coso de San Nicasio, que una vez más hicieron que el festejo se demorase en su inicio porque faltaba gente por entrar. Es más, pasada la lidia del primero de la tarde todavía había público accediendo a sus localidades.

La meteorología dio una tregua La empresa había sido previsora y plagó de plásticos el piso de plaza. La lluvia no hizo acto de presencia y en su lugar salió un solazo de los que pican en todo lo alto. Cuando la corrida iba tocando a su fin, el cielo se iba ennegreciendo y de lejos se venían relámpagos, pero para entonces ya se había despachado toda esta tarde de toros que acabó siendo histórica por lo que se vivió en el ruedo y por la intensidad con que se vivió.

Hasta diez orejas y tres rabos se concedieron a una terna compuesta por Morante de la Puebla, Roca Rey y David de Miranda en esta corrida que estaba llamada a ser el gran atractivo de la temporada en la provincia y que una vez lidiada ocupa ya un lugar preferente en la memoria de los aficionados. El resultado final puede apuntar finalmente hacia lo triunfalista y lo populista, pero no es menos cierto que el público que acude a festejos así lo hace camino de la plaza buscando alegrías. Muchos de quienes se sentaron en los tendidos en Úbeda rara vez frecuentan otras plazas de toros, bastantes son legos en la materia taurina y sus reglas y quienes lo hacen a temprana edad encuentran en festejos como éste un auténtico enganche a la tauromaquia de por vida porque lo que han vivido les atrapará.

De todo eso hubo en el ambiente de esta tarde y para este cartel de campanillas se anunciaron toros de Jandilla que propiciaron con su juego una gran tarde de toros, donde los hubo de nota alta, remendándose con un sobrero lidiado en segundo lugar del hierro de Juan Manuel Criado, de presentación muy desigual.

Fue la tarde de David de Miranda, pletórica en su conjunto. Cortó la respiración más de una vez por lo quieto que se queda y lo cerca que se los pasaba pero todo ello acompañado por un toreo que no admitía discusión. Se metió a la plaza en el bolsillo desde el ajustadísimo quite por tafalleras a su primero, pero fue posteriormente cuando al tomar la muleta inició de rodillas la faena donde se hinchó de dar numerosos naturales seguidos, todos de excelente trazo y terminar esa primera tanda con un desplante en la misma cara del toro y con la plaza puesta en pie.

A partir de ahí todo iría a más. La excelente condición del toro permitió que la obra alcanzase cotas excelsas. Supo medir cada tanda, hubo limpieza en los muletazos, ningún enganchón y los remates siempre fueron de cartel. Fue prendido sin consecuencias tras un arrimón, disparando aún más la emoción del tendido, volviendo a ser prendido al ejecutar la suerte suprema. Al final dos orejas y rabo tras una actuación importantísima que tuvo su continuidad en el último. Por los mismos derroteros caminó David de Miranda en una faena muy intensa que siempre fue a más, donde de nuevo su valor y su quietud se pusieron al servicio de un toreo de enorme calidad. Por si fuera poco lo tumbó de un espadazo y fue nuevamente premiado con los máximos trofeos.

Roca Rey vio como si primero era devuelto tras perder las manos sucesivamente y ante las protestas del público fue devuelto a corrales saliendo en su lugar un toro de Juan Manuel Criado de mucha transmisión, embistiendo sin descanso y con clase. El torero de Lima aprovechó sus virtudes pero se excedió en exceso en la cara del toro al apostar por los arrimones finales, que enloquecieron a los tendidos. Un estoconazo final sirvió para que le concediesen los máximos trofeos, siendo el rabo un premio excesivo y que marcaría precisamente el sino triunfal de la tarde.

Muy venido arriba en el quinto, tiró de raza y amor propio recibiendo con un toreo de rodillas con el capote a su toro. Tras un picotazo, de nuevo se echó de rodillas para iniciar la faena. Pocas tardes como esta recordaremos en las que se haya toreado tantísimo de rodillas…

El toro se colaba por dentro constantemente. Los muslos de Roca Rey se salvaban del puntazo o la cornada por muy poco. En una de esas llegó inevitablemente la voltereta, que hizo mella en Roca Rey, que evidenciaba molestias en la pierna derecha. No se vino abajo el peruano, que se mantuvo en pie y trató de sacarle los muletazos al toro con un torero que se acercó por momentos al tremendismo, con más valor que cabeza. Logró matarlo de estocada y le fueron concedidas las dos orejas.

Morante de la Puebla abrió cartel. La de Úbeda es una plaza que siempre se le dio bien en su carrera, un marco en el que siempre ha firmado faenas bellísimas. Y así volvió a ser una vez más, toreando muy despacio, casi a cámara lenta al que abrió plaza y con el que no se excedió en su labor, sino que resultó breve y anduvo muy torero en la cara del toro poco más allá de lo que duró el pasodoble que lleva por título su nombre. Algunos ni se enteraron de su toreo, con la plaza inmersa en el murmullo propio de quienes andaban buscando donde sentarse todavía. Saludó una ovación final tras pinchar y precisar del descabello.

Distinto fue en el cuarto. Una faena de enorme plasticidad y repleta de inspiración desde que iniciara la misma con la muleta rodilla en tierra pegado a las tablas. Fue una faena muy bien estructurada y rotunda en cada tanda, con el añadido de rubricarla de una gran estocada lo que le valió para pasear las dos orejas.

Fue la de Úbeda sobre el papel la corrida de mayor expectación de la temporada en la provincia y al término la más rotunda de lo que se lleva visto en este año taurino que va tocando a su fin. Con sus matices, una tarde así afición y regala al final la mejor imagen de la fiesta: la terna a hombros por la puerta grande y un séquito de jóvenes aficionados aupando a sus ídolos.

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