Jaén Taurino

El Planeta de los Toros desde Jaén

Crónicas

Marco Pérez debuta en Linares indultando a un toro de Villamarta

Ficha de festejo
Plaza de toros de Linares. Coso de Santa Margarita. Tercera corrida de abono.
Menos de media entrada en los tendidos
Toros de Villamarta (1º,2º,3º y 4º) y de Román Sorando (5º y 6º) Fue indultado el tercero “Pelón nº1)
CURRO DÍAZ (Verde botella y azabache) Oreja y ovación
DAVID DE MIRANDA (Corinto y oro) Silencio y ovación
MARCO PÉREZ (Lila y oro) Dos orejas y rabo simbólicos y silencio tras aviso
Acompañó la Agrupación Musical Linares 1875, interpretando el himno nacional al inicio del festejo. Saludaron montera en mano Iván García y Miguel Ángel Ramírez en el primero.
Asomó el pañuelo azul en el palco presidencial y el público estalló en una gran ovación. También el propio torero, Marco Pérez. La gran masa celebró el gesto del presidente sin reparar en la confusión, porque segundos más tardes lo intercambió por el naranja. El pañuelo con el que reglamentariamente se concede el indulto.
Esta anécdota refleja el nivel de desconocimiento de gran parte de quienes se sientan en los tendidos de las plazas de toros. Sucedió en Linares como puede suceder en cualquier otra plaza. Se celebra el gesto de indultar un toro cuyo indulto ni siquiera se pide fervorosamente flameando pañuelos en los tendidos, sino a gritos. Un indulto, como tantos otros que estamos viendo, que se impulsa en el ruedo por parte del lidiador haciendo aspavientos a un palco presidencial que repentinamente se encuentra con una plaza que se vuelve en su contra. Si acaso lo único que aquí puede admitirse es el gesto del propio ganadero acudiendo hacia el palco, atravesando el tendido, para manifestar su consentimiento o aprobación de quedarse con el toro.
Lo cierto es que “Pelón- 1” apenas recibió un picotazo en el caballo y luego, eso sí, incontables muletazos. Marco Pérez se hinchó de torear desde que a mitad del brindis en el propio centro del ruedo se le arrancó el toro de lejos y sin pensarlo se puso a torear sin haber terminado de rematar el brindis montera en mano. La mayor calidad estuvo en el pitón derecho, mientras que en el toreo al natural dejó muletazos larguísimos. La traca final vendría con los molinetes de rodillas y el toreo circular. Finalmente el ganadero acompañó a Marco Pérez en la vuelta al ruedo.
Justo en el que ponía fin a la feria Marco Pérez tras brindar al matador linarense Paco Bautista, en una faena que no llegó a coger vuelo, por mucho que lo intentase por ambos pitones, a la hora de coger la espada dejó cinco pinchazos y tres descabellos. Esto fue muy comentado en los tendidos porque lógicamente salió a relucir la falta de suerte suprema en el toro anterior. Finalmente Marco Pérez, merced al premio del indulto, salió por la puerta grande del Coso de Santa Margarita.
Curro Díaz regresaba a su plaza. Lo hizo vestido con el mismo terno con el que inauguró temporada en Madrid el pasado Domingo de Resurrección, justo tras perder a su padre. Esta fue su primera actuación en Linares sin tenerlo cerca. Esa ausencia de Francisco Díaz se notaba, siempre arropando y acompañando a su hijo.
Tuvo ante sí un toro noble pero flojito. Lo costaba al toro desplazaba y lo hacía con cierta sosería en su embestida. Tuvo Curro la virtud de hacer las cosas con suavidad y con la medida justa para que la faena tuviera ritmo. Mató de estocada tendida y paseó una oreja bajo los sones del pasoboble “Linares Minero”. Bonito gesto de la banda.
Con el cuarto Curro firmó una faena importante por ambos pitones a pesar de la condición del toro. Tuvo muy poco toro con el que emplearse y él estuvo muy firme, tanto es así que en el final sacó a relucir su valor para exponerse ante los pitones del toro. Dejó dos pinchazos y una estocada. Todo cuanto hizo,muleta en mano, paradójicamente no tuvo eco y apenas hubo petición de oreja.
David de Miranda repetía actuación en este ciclo. Al primero suyo se le dio fortísimo en el caballo. Embestía arreando y echando la cara muy arriba al final de cada muletazo, siendo muy complicado hacerse con él. Fue silenciado al término de su primero. El quinto, que llevaba el hierro de Román Sorando, fue protestado de salida por su trapío. Con él estuvo templado y lo toreó con firmeza. Al intentar dar una arrucina fue volteado aparatosamente pero sin consecuencias porque volvió a la cara del toro sin miramientos y espoleado. Firmó el epílogo por manoletinas. Tras una primera estocada volvió a montar la espada para pinchar y volver luego a dejar otra estocada baja. Recibió una ovación.
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