
Plaza de toros de Villacarrillo. Un tercio de plaza en tarde agradable.
Toros de Salvador Domecq. El quinto “Zafarrancho-11” fue premiado con la vuelta al ruedo.
| SEBASTIÁN CASTELLA | Azul celeste y oro | oreja tras aviso y oreja tras aviso |
| ADRIÁN DE TORRES | Hueso y oro | dos orejas y oreja tras aviso |
| BORJA JIMÉNEZ | Grana y oro | oreja y oreja |
Saludaron en banderillas en el quinto David Gómez y Manuel Ángel Gómez.
Tras el paseíllo se rindió un homenaje al Doctor Jose Saenz Montoro
La Asociación Musical “Cristóbal Marín” amenizó el festejo, interpretando el himno nacional en el inicio.
Por el motivo que sea en Villacarrillo no se refrenda en sus tendidos el respaldo a los festejos mayores. Sucedió el pasado año y ha vuelto a ocurrir con un cartel que tenía bastante atractivo. Da mucha pena ver tantísimo cemento cuando su plaza de toros abre sus puertas cuando se anuncia una corrida porque no es Villacarrillo un lugar sospechoso de no tener afición a los toros, sino todo lo contrario. Siempre fue un bastión en la provincia y lo sigue siendo, pero saltan las alarmas cuando se ve que tras varios días de intensidad taurina en sus calles y en su plaza con los encierros y festejos populares no se culmina en el momento grande llenando sus tendidos cuando suena el clarín.
Quienes no fueron a la plaza se perdieron una de las corridas más interesantes e importantes de lo que se ha visto hasta el momento esta temporada en la provincia. Pero sobre todo se perdieron la actuación del linarense Adrián de Torres. Un auténtico impacto.
Adrián de Torres con su toreo le pegó una auténtica bofetada en la cara al sistema taurino actual. Sumaba su tercer paseíllo este año, volvía a hacer el paseíllo en Villacarrillo porque le habían respetado y premiado lo que hizo el año anterior en su ruedo. Y así quedó de manifiesto en el brindis a la concejala Paqui Hidalgo.
Desde el primer lance con el capote hasta la estocada final, la actuación de Adrián de Torres estuvo marcada por una actitud intachable. Pero no sólo eso, sino por una inspiración que hizo sacar a Adrián el toreo que lleva interiorizado y que le permitió torear con suavidad, hondura y rotundidad por ambos pitones en una faena que fue siempre a más. Bajo los compases del pasodoble “Manolete”, Adrián se rompió toreando y coronó una actuación importantísima con un espadazo.
Y por los mismos derroteros anduvo en el quinto, un toro que regaló mucha calidad en la embestida con el que Adrián toreó olvidándose de su cuerpo, dejándose llevar en cada muletazo,de nuevo inspiradísimo y bajo los sones de la marcha “Esperanza de María”, algo totalmente inusual por llevar hasta el ruedo una marcha de Semana Santa. Algo que sólo se entiende en ese contexto si se conoce a Adrián y cómo siente. Para muchos seguramente una extravagancia pero que sin duda en el ruedo se vivió de forma absolutamente mágica y de ahí que Adrián elevase su toreo a una cuestión espiritual, no ya sólo por cómo toreó sino por lo que consiguió transmitir.
La tibia e inoportuna petición de indulto desdibujó el final. De hecho, Adrián marró con la espada hasta dos veces, pero eso no emborronó las sensaciones que se vivieron en la plaza de Villacarrillo. ¡Cómo estuvo Adrián de Torres!
Encabezaba la terna el francés Sebastián Castella, torero al que cada vez se ve menos por estas tierras. Su primero, con muchísima nobleza, pero muy poquita transmisión le permitió torear a placer. El arrimón final sirvió para que lo le faltaba al toro lo pusiera el torero y aquello tuviera la emoción necesaria porque el toro llegó muy desfondado al final de la lidia. Su segundo muy distraído y al que le costaba emplearse, parándose al final de cada muletazo. En ambos fue premiado con un trofeo.
Borja Jiménez cerraba cartel. Torero en un gran momento, lo volvió a demostrar en Villacarrillo con el dominio y la capacidad de su toreo. Faena vibrante la que protagonizó al primero de su lote con tandas muy largas al natural, por la cantidad de muletazos que conseguía dar en cada serie pero también por la largura del trazo de sus muletazos. En su segundo anduvo con mucha firmeza y destacó en el toreo al natural, firmando una faena muy importante que luego emborronó con hasta seis golpes de descabellos, cuestión que hay que resaltar porque aún así se le concedió una oreja al igual que en su primero, que mató con una estocada que hacía guardia. No se pueden conceder trofeos así, la puerta grande se devalúa completamente y también el propio nombre de la plaza de toros.
Foto: Juan de Dios Gómez












