
Ficha de festejo.
Plaza de toros de Linares. Coso de Santa Margarita. Casi media entrada en los tendidos.
Primera corrida de la Real Feria de San Agustín.
Seis toros de Escribano Martín (1º y 3º) y Martín Lorca (2º,4º, 5º y 6º) Bien presentados pero desrazados en líneas generales
DAVID GIL (Tabaco y oro) Oreja tras aviso y ovación
ADRIÁN DE TORRES (Rosa palo y oro) Ovación tras aviso y ovación tras aviso
MARCOS LINARES (Lila y oro) Dos orejas y palmas tras aviso
Linares presume orgullosa de su historia taurina. Porque puede y porque sigue escribiendo nuevos argumentos en ella para que los linarenses sientan que la tauromaquia en Linares no es adorno sino parte de su esencia.
Tres hijos de esta tierra volvieron a evidenciar ese orgullo local de los linarenses en el día grande de San Agustín en Santa Margarita. Tres toreros del presente cuyos nombres lucen en los azulejos del amplísimo Paseo de los Toreros. El último incorporado hace tan sólo unos días.
Tres linarenses, tres carreras taurinas muy distintas y tres generaciones de toreros diferentes. Baste decir, sin ir más lejos, que cuando el director de lidia, David Gil, actuó por última vez en ese ruedo aún no había nacido quien ayer debutaba de luces en el ruedo de la plaza que él lleva por nombre en los carteles: Marcos Linares.
Por eso y por mucho más la tarde era, a priori, mucho más que un cartel de toros. Era una mezcla de sensaciones y sobre todo de emociones en un día que siempre en Linares se vive con la nostalgia del recuerdo de una fecha que cada año se convierte en más remota en el tiempo, pero que sigue perpetuando en la memoria colectiva lo que allí sucedió en 1947 cuando “Manolete” se convirtió en leyenda.
Y así sucedió cuando se abrió el portón de cuadrillas y comenzó a sonar el pasodoble “Manolete” recordándonos, de nuevo, el especial significado que tiene una tarde de toros en Linares. Asomó David Gil luciendo el capote que lleva bordada la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración de Jaén, Adrián de Torres luciendo un rosa palo y oro con el que se vistió en el Hotel Cervantes en la habitación donde hizo lo propio “Manolete” y Marcos Linares, en el centro y desmonterado, con el terno de su alternativa en Jaén allá por el 2023.
Partieron plaza los tres linarenses bajo una ovación sentida para detenerse, como siempre en este día, a rendir tributo a “Manolete” pero también para recordar a Antonio Gil – padre de David Gil-, Paco Díaz – padre de Curro Díaz- y el banderillero Valentín Rivas. Todos ellos también historia de esos linarenses que sintieron intensamente el toreo.
El siempre emotivo y desgarrador ¡Gloria a Manolete! se reeditó un año más surgiendo de la emoción contenida de los aficionados linarenses y Manuel Samaniego, puesto en pie, se estrenó al frente del palco presidencial recibiendo el saludo de las cuadrillas. Tras ello Linares sacó al tercio a sus tres toreros a saludar montera en mano una ovación tan cariñosa, como sincera, natural y lógica.
Ver torear a David Gil en Linares para muchos fue un regreso al pasado casi tres décadas después. Para las nuevas generaciones de aficionados linarenses una oportunidad para descubrir uno de los eslabones sobre los que se sustenta la historia del Linares taurino. Y para él, la ocasión propicia para ser feliz vestido de luces reivindicando su existencia en el toreo. Pero sobre una ocasión de hacerse justicia a sí mismo pisando un albero del que lo han alejado por espacio de veintiocho años tras salir de él aupado a hombros la última vez lo piso vestido de luces.
El brindis al cielo, a la memoria de su padre, escenificaba un momento que ya casi nadie podía esperar que volviera a suceder a estas alturas. David Gil solventó con muchísima dignidad su compromiso. Tuvo mucho mérito su actuación, porque el primero no se lo puso fácil. El oficio bien aprendido y una técnica solvente forjada ante todo tipo de toracos, le permitió afrontar la apuesta de anunciarse en esta tarde. De nuevo volvió a ser el torero de raza, valor infinito y pundonor que siempre fue. Lo demostró nada más tomar la muleta, iniciando pegado a tablas para tras dos muletazos directamente echarse de rodillas y torear así, echándole casta al asunto. Su faena estuvo basada principalmente por el derecho. Mató de estocada entera pero necesitó dos golpes de descabello.
Fue premiado con una oreja y en la vuelta al ruedo, recogió la ovación de despedida de los medios portando un sombrero Chalán que le lanzaron y que simbolizó, de algún modo, el recuerdo al Perú taurino que tanta vida le dio cuando en España le cerraron las puertas y acabó por convertirse en un absoluto ídolo en aquel país que recorrió profundamente durante una década y que hizo para muchos sea David Gil “El torero de los Andes”.
Al segundo lo recibió con una larga cambiada. De nuevo enrazado y fiel a sus principios, pero el toro se quedó muy parado de forma que David Gil expuso mucho, metiéndose entre los pitones y pasándoselo cerca. De últimas toreó de rodillas y su desplante final nos trajo el recuerdo de una forma de torear que hoy día poco se ve. Mató de medio estocada y precisó de un intento de descabello para poner fin a esta actuación con la que regresó al ruedo linarense por el que paseó la oreja del cuarto, premio a su decorosa labor.
Adrián de Torres también regresaba a Linares tras tres años de ausencia. Lo hacía impregnado de una esencia manoletista en todos los sentidos. Tanto es así que sorprendió a todos iniciando la faena de muleta citando al toro de lejos precisamente para torearlo por manoletinas, algo inusual y seguramente inédito. El toro acabó desfondándose demasiado pronto. Atisbaba nobleza y Adrián pudo firmar muletazos de calidad, pero faltó toro. Tras pinchazo y pinchazo hondo saludó una ovación.
Distinto fue en el quinto. Con un toreo de enorme quietud Adrián de Torres firmó muletazos de mucha profundidad y hondura. Lo que hizo caló profundamente en los tendidos y Adrián, que siempre tuvo verdadera obsesión por torear despacio, llegó a conseguirlo por momentos en pasajes de mucha calidad al natural. El toro acabó por ponerse geniudo y apostó por el toreo de cercanías. Con la espada se le fue el triunfo, pero su toreo ahí quedó.
Y Marcos Linares vio cumplido su ansiado sueño de debutar como matador en Linares. Su rostro desprendía una ilusión enorme. Compartía cartel con dos toreros que han tenido trascendencia en el inicio de su carrera. Eso añadía alicientes para él.
Marcos toreó con empaque a la verónica en el recibo al toro de su presentación. Maneja con buen aire el percal. Fue vibrante su inicio con la muleta y logró construir una faena de tandas limpias, llevando siempre muy cosido al toro en la muleta. Poquito a poco la faena fue más a menos. Tras un pinchazo hondo cobró una estocada entera siendo premiado con las dos orejas, la segunda medianamente generosa. Con el que cerraba plaza muy poco que hacer. Un toro con poquísimas opciones cuya faena brindó Marcos Linares al empresario Juan Reverte.
El punto final lo marcó la salida a hombros de David Gil y Marcos Linares portados por muchos aficionados linarenses y especialmente alumnos de la Escuela de Linares. Adrián de Torres marchó a pie por el patio de caballos, pero en su rostro de despedida sobresalía la sonrisa de agradecimiento a los aficionados linarenses que le mostraron su apoyo y su cariño en un tarde que fue muy especial para todos.












