Aquella faena de Pepe Luis

Por Ángel Durán

Languideciendo  ya el año quería escribir como suelo hacer de vez en cuando unas líneas para Jaen Taurino.

A estas alturas es hora de hacer balance, en el año del centenario del nacimiento de “Manolete” hemos sufrido un puñado de ausencias ,muy dolorosas todas, aunque quizás la que más se recordará en el tiempo  sea la del torero vizcaíno Iván Fandiño  a consecuencia de una cornada que le infirió un toro de Baltasar Ibán en ruedo francés, volviendo a quedar de manifiesto  el lado mas desgarrador de la Fiesta.

Pero en este artículo me gustaría regocijarme en lo mejor de la temporada, dejando a un lado los análisis, estadísticas, valoraciones…son muchas las conclusiones y lecturas que se pueden hacer de todo un año taurino pero si por algo quiero que se recuerde este 2017, es por la faena de Pepe Luis.

Así de simple, Pepe Luis Vázquez Silva, torero de dinastía, hijo de uno de los diez más grandes del sigo XX, del “Socrates de San Bernardo”, cuajó en Granada la faena de la temporada. Alguien que reapareció para un número contado de festejos, que no está en competencia con nadie, ni consigo mismo, ni de demostrar nada a estar alturas de su vida, deleitó al publicó que se congregó en la Monumental de “Frascuelo” con una obra tan simple como esplendorosa. Y digo lo de simple porque, sus formas, andares, poses, naturalidad, la  suavidad en los toques, el vuelo liviano de los engaños, junto con muchos detalles son tan sutiles como especiales, mágicos, y no requieren de ninguna técnica compleja conformando lo que se llama sencillamente torería.

Pepe Luis enloqueció Granada, el personal en el callejón desatado, con la gracia sevillana que derrochaba ese hombre de cierta edad vestido de verde y oro, y también se nos venían a la memoria de los que aun siendo jóvenes tenemos ya  una edad, otros momentos, no muy lejanos en el tiempo, como los protagonizados por “Antoñete”, Curro Romero  o  Rafael de Paula por citar a tres maestros que en los años noventa dejaron obras inolvidables tanto por su belleza  como intensidad artística, y compartieron carteles en aquella época, con Pepe Luis.

Merece destacar su actuación por la singularidad y excepcionalidad que hoy en día implica una faena de tales características. Difícil encontrarse con una obra así en el toreo actual, quizás también por la propia evolución de la tauromaquia y del toreo moderno tan ligado al desarrollo de la sociedad y que lo uno es un reflejo de lo otro, cuestión que sería para analizar mas profundamente si tenemos en cuenta las diferencias artísticas entre toreros que estaban en activo hace un par de  décadas, siendo ya veteranos y que alternaron muchas tardes como era lógico con Pepe Luis y hoy ya no lo están, con los toreros actuales, pero quizás,  por eso mismo, si alguien era capaz de realizar una obra a semejanza de las de antaño, ese era Pepe Luis.

El año termina con la temporada americana en activo y con rumores de lo que podrá ser la próxima, sin poder olvidarnos de los que partieron en este 2017, lo mejor es quedarse con el sabor del  toreo auténtico, del bueno toreo , aquel que desplegó ,una tarde en Granada, Pepe Luis Vázquez.