El Planeta de los Toros desde Jaén

Crónicas

Diego Ventura, arrollador en Jaén

Plaza de Toros de Jaén. Coso de La Alameda.

Más de tres cuartos de plaza en tarde agradable.

Seis toros de Adolfo Martín de juego muy desigual

DIEGO VENTURA Dos orejas, dos orejas y ovación
LEONARDO Oreja, ovación y oreja

 

La corrida de rejones fue muy intensa, pero también muy rara. Mientras Diego Ventura estuvo pletórico, Leonardo se encontró sucesivamente con toros imposibles y tuvo que hacer un sobreesfuerzo constante. Una tarde de contrastes. Y aunque lo cierto es que la foto final muestra a los dos rejoneadores atravesando la puerta grande de la Plaza de Jaén, la tarde se la llevó Diego Ventura, que cortó cuatro orejas y pudo incluso haber cortado hasta un rabo si no llega a pinchar a su tercero. Bestial la dimensión de Ventura en Jaén.

Debutaba Adolfo Martín en Jaén con esta corrida. Una corrida variada de juego, habiendo toros sensacionales y otros que buscaban continuamente rajarse y rehuir la pelea. Toros de seria presentación en su conjunto, y uno en concreto, el quinto rematadamente feo de cara y algo mostrenco.

Ventura no se dejó nada atrás en toda la tarde. Si ya en su primero cortó dos orejas ofreciendo una actuación vibrante a lomos de “Nazarí”, en su segundo toro desde el primer instante la emoción se hizo presente ya que el toro conforme salió de chiqueros se fue flechado hacia los medios y Ventura le clavó al quiebro el primer rejón de castigo formando un alboroto que se prolongó hasta el momento en que retiró la cabezada a “Bronce” y ahí se desató la locura. Y en el quinto dio un paso más y lo recibió con la garrocha en la puerta de toriles, para luego de nuevo dar otro recital con “Sueño” y “Lío” en banderillas, con quiebros ajustadísimos y nuevamente volver a sacar a “Bronce”, despojarle de la cabezada y parear a dos manos. Cuando Ventura rozaba la perfección, el toro se echó y se puso complicado para poder rematarlo, ya que embestía a arreones. Falló en varias ocasiones, más por las dificultades que imprimía el toro que por su propia pericia y lo que iba camino de convertirse en una faena de rabo quedó minimizada a una ovación.

Los tres toros de Leonardo fueron desesperantes. El primero tremendamente manso y con unas reacciones desconcertantes ya que la codicia que tenía en el capote de los auxiliadores de Leonardo era la que le faltaba para el caballo. El cuarto se acabó refugiando en los terrenos del tendido 4 y ya no quiso salir de ahí, amorcillándose y dando lugar a que Leonardo hubiera de echar pie a tierra para descabellar. Y el que cerraba plaza otro toro mansurrón que siempre iba en dirección contraria a la de jinete y cabalgadura, de forma que cada vez que Leonardo acudía al encuentro el toro tomaba el camino inverso. Fue meritoria su actuación en banderillas.

En este último toro y prácticamente en el epílogo de la Feria ocurrió un hecho surrealista: colgaba del palco un pañuelo blanco desde antes que el toro doblase y cuando así ocurrió el presidente sacó el pañuelo para premiar con un trofeo, pero claro, asomaban dos a la vez en la presidencia. Se le cortaron las dos orejas al toro y así se las dio el alguacilillo al rejoneador. Desde la presidencia se advirtió que se había concedido un único trofeo y se formó el lío cuando prácticamente se había terminado el ciclo taurino de San Lucas.

Foto: Tauroemoción