Reflexiones en torno a una fecha

Por José Luis Marín Weil

A la salida del festival del Cáncer comentábamos que daban ganas de volver al siguiente fin de semana a la Plaza nuevamente. El gran ambiente de toros a lo largo de toda la jornada del sábado invitaba a ello. Y lo decíamos precisamente lamentándonos de lo larga que se hace la espera hasta octubre por San Lucas, que es cuando oficial, o tradicional, o forzosamente debe haber toros. Justo cuando la temporada toca a su fin.

Nos lamentábamos a sabiendas que por Semana Santa no tendríamos toros en la capital, y finalmente así será. De todos modos era algo con lo que los aficionados contábamos y está asumido. Y dicho sea de paso, tampoco la afición lo ha demandado.

De siempre fue clásico que hubiera toros en Jaén como inicio de temporada al llegar la Semana Santa y aunque lo tradicional es que fuera el domingo de ramos, no siempre ha sido así.

Hoy por hoy la Plaza de Jaén no se puede permitir dar toros el domingo de ramos, y a la vista está el resultado de la última vez que aquello sucedió: en el 2013. A la hora del festejo había programadas tres procesiones en la calle.

Si damos un salto en el tiempo y nos situamos en la etapa de Juan Carlos García recién alternativado o con “Morenito de Jaén” entonces esto tenía mucho sentido y había ambiente en la ciudad porque los jiennenses tenían un matador de toros local. Pero también porque el domingo de ramos la única procesión que salía a la calle lo hacía por la mañana. Ahora en cambio…con tres por la tarde, con toda la implicación humana que eso conlleva y el seguimiento popular que arrastra en la calle, dar toros en esa fecha concreta supone un suicidio empresarial y mucho cemento en los tendidos. No compensa. Tampoco se cuenta con algún tipo de ayuda institucional, cosa que especialmente en los ochenta si que sucedía, y que hizo posible que aquí toreasen el domingo de ramos José Fuentes, los hermanos Campuzano, Julio Robles, “El Niño de la Capea”, “Espartaco”, “Antoñete”, Emilio Muñoz, “Paquirri”

Lo ideal sería adelantar la corrida un día y pasarla al sábado. Ese día, previo al domingo de ramos hay muchos jiennenses que vuelven a casa. Muchos cofrades que se encuentran en la antesala de salir en estación de penitencia (conozco más de uno que tendría que elegir entre procesionar o sentarse en un tendido) y especialmente muchos aficionados si el cartel es atractivo pueden desplazarse hasta Jaén.

Y el cartel debe ser atractivo. Si no, volveríamos a ver un tercio o un cuarto de entrada. El reciente éxito de Andújar, rozando el “no hay billetes” debe servir de ejemplo de una corrida puntual, atemporal incluso, que marque el inicio de temporada en una plaza y que pueda ser capaz de revitalizar taurinamente una ciudad, porque está más que comprobado que cuando un cartel de toros tiene mucho tirón, la población que lo acoge ese día se frota las manos porque hace su agosto particular.

Una corrida para despertar el ambiente y especialmente recuperar ese hábito de “ir a los toros”. Una corrida para ver en Jaén a toreros que por aquí se han prodigado poco por no decir casi nada: Manzanares no ha toreado aún de luces, Perera sólo lo ha hecho una vez, Hermoso de Mendoza lleva casi veinte años sin venir al Coso de la Alameda…por citar solamente tres ejemplos. O toreros nuevos con proyección que andan a cara de perro luchando por hacerse un hueco a pesar del tapón que existe en el toreo actual y que impide una regeneración del escalafón.

La corrida del domingo de ramos ha sido muy castigada en la última década, ya fuera por qué se suspendiera previamente – y supuestamente-por la climatología (aunque luego no cayera una sola gota de agua el resto del día) como sucedió en un intento de reaparición de Ortega Cano, ya fuera porque se suspendiera polemicamente como sucedió con la frustrada alternativa de José Carlos Venegas (que por cierto, no fue precisamente un domingo de ramos),ya fuera por una terrible tormenta a lo largo de todo el festejo tal y como sucedió en el 2013, por última vez o directamente por no haber una empresa en ese momento tal y cómo se ha venido repitiendo últimamente.

El festejo de Semana Santa en Jaén puede replantearse. Si hay voluntad y se hacen las cosas bien, la Plaza y la afición saldrían ganando. Y por supuesto, la ciudad, también.