Hemingway a su paso por Jaén

Cada año  desde el 7 al 14 de julio Pamplona celebra sus fiestas de San Fermín. Inevitable resulta durante todos esos días no recordar la figura de Ernest Hemingway quien gracias a su novela “Fiesta” universalizó para siempre a Pamplona, sus fiestas y sus encierros.

  Hemingway llegó a España en 1923 procedente de París, y lo hizo en su condición de corresponsal de prensa para el semanario “Toronto Star” , relatando en sus páginas los sanfermines. Desde entonces el escritor norteamericano quedó prendado para siempre de España.

 Fue tal el impacto que causó en él aquella tradición de la capital navarra de correr los toros por su calles, sumado al ambiente mágico que se vivía en Pamplona lo que le llevó a escribir “Fiesta”.

 Pero Hemingway no sólo se enamoró de nuestro país y las fiestas de San Fermín. También quedó eclipsado por la tauromaquia, convirtiéndose en un fervoroso aficionado que durante sus estancias en nuestro país, vivía con intensidad las corridas de toros viajando de plaza en plaza.

 El tema taurino ocupa una parte nada despreciable dentro de su obra literaria. A “Fiesta” se suman también “Muerte en la tarde” y “El verano peligroso”. En esta última Hemingway habla de su paso, presumiblemente fugaz, por la provincia de Jaén en el año 1959.

 Para entonces Hemingway ya era un escritor consagrado tras el éxito de su novela “El viejo y el mar” ,y de prestigio internacional tras haber recibido el Premio Nobel de Literatura en 1954.

 El 1 de mayo de 1959 desembarcó en el puerto de Algeciras a bordo del barco “Constitution”. Contaba ya con una desbordante afición por el mundo de los toros y una amistad muy estrecha con la familia Ordóñez, labrada primero con Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma” y continuada después con Antonio Ordóñez.

  En “El verano peligroso” Hemingway relata toda una temporada siguiendo los pasos de Antonio Ordóñez en las plazas de toros en reñida competencia con Luis Miguel Dominguín. En sus páginas narra los viajes por toda la geografía española durante el año 1959.

 Tras desembarcar en Algeciras se trasladó a Málaga y desde allí continuó su camino hasta la capital de España recorriendo en su largo viaje la provincia de Jaén.

 Hemingway lo recuerda como un viaje terrible por la conducción temeraria del chófer que le llevaba en aquella ocasión y fue precisamente en la ciudad de Jaén donde vivió el mayor sobresalto del viaje cuando en una de sus calles – no especifica cual- a punto estuvo el chófer de atropellar a un peatón y provocar un serio accidente en nuestra ciudad.

 Una vez abandonada la ciudad, continúa su viaje y al pasar por Bailén y Navas de Tolosa rememora en sus páginas el recuerdo hacia sendas batallas. Aquel viaje, antes de llegar a Madrid concluyó en Manzanares (Ciudad Real) haciendo noche en su Parador.