Curro Díaz y Juan Ortega regalan su toreo a Jaén

Plaza de Toros de Jaén. Coso de La Alameda. Sábado 17 de octubre de 2020

Prácticamente lleno dentro del aforo permitido. Tarde agradable de temperatura.

Seis toros de Victoriano del Río. Fue premiado con la vuelta al ruedo el sexto, “Basurilla-153”

Enrique Ponce

Blanco y oro

Ovación tras aviso y oreja

Curro Díaz

Azul noche y oro

Ovación y dos orejas

Juan Ortega

Corinto y oro

Ovación y dos orejas

En el parque de La Alameda al término del festejo en los corrillos de aficionados se hablaba de Juan Ortega. De su faena al sexto, de sus formas, de su capote, de su toreo en definitiva. Había alegría.

Así concluyó un festejo que fue creciendo en intensidad y que hasta la segunda parte del mismo discurría por la senda del tedio. Porque hasta entonces muy poquito había pasado.

Una tarde, la del 17, que había generado ilusión e interés incluyendo a tres toreros muy queridos aquí por su vinculación con Jaén, que en el caso de Curro Díaz viene marcada directamente en su identidad.

Respondió el público, acudiendo a los toros con ilusión.Tras el paseíllo, un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del COVID 19 que fue roto por los compases del himno nacional, algo a lo que no estamos acostumbrados en Jaén pero que acabó resultando muy emocionante. Y a continuación un breve y sencillo homenaje por parte de la empresa, la sociedad propietaria de la plaza y la Federación Taurina de Jaén a Enrique Ponce con motivo de su treinta aniversario. Por ello precisamente se habían decorado las tablas del ruedo con ilustraciones de los artistas jiennenses Nono del Moral y Javi Sánchez Villamor. Una corrida que tuvo ese simbolismo.

Los toros de Victoriano del Río resultaron muy desiguales en su juego, muy insulsos y sin fuerzas en la primera parte del festejo – el tercero fue nulo- y con mayor calidad, nobleza y transmisión los tres últimos, destacando especialmente el que cerraba plaza.

Ponce en el primero se encontró con un toro que aunque le permitió torear por el derecho, se fue apagando poco hasta prácticamente pararse, y poco se podía hacer. En el cuarto en cambio, un bonito toro de capa melocotón, consiguió momentos de mayor lucimiento pero igualmente midiendo mucho al toro y haciendo las cosas despacio. En este toro brindó, como suele ser habitual, a su cuadrilla como final de esta extraña temporada taurina, viviéndose un momento muy emotivo al pisar el ruedo para recibir el brindis su fiel banderillero Mariano de la Viña, quien todavía anda recuperándose del grave percance sufrido hace ahora un año.

Volvía Curro Díaz a Jaén. Fue construyendo una faena interesante a base de paciencia, sacándole buenos muletazos por el derecho a pesar del cabeceo continuo del toro, que protestaba mucho en los engaños. Con la espada, tras una primera estocada defectuosa hubo de intentarlo hasta tres veces.

Cambio su sino en el quinto, un toro que se frenaba bruscamente en el capote. Cinco muletazos poderosos le bastaron a Curro para hacerse con él desde el primer momento y meterlo en el canasto. Un toro que se desplazaba y acudía siempre pronto al toque, tomando incluso las telas de la muleta con mucha nobleza a poco que Curro se la mostrase. Toro y torero se acoplaron, se entendieron, y el linarense logró una faena estéticamente muy bella. Tras una estocada entera llegó el justo premio de las dos orejas.

Había curiosidad, interés e ilusión por ver a Juan Ortega. Su importante actuación en Linares este verano lo ha situado en el centro de atención de los aficionados. Su vinculación con muchos jóvenes jienenses que fueron sus compañeros de aula en Agrónomos en Córdoba, y el hecho cierto de pertenecer a una de las familias ganaderas de nuestro campo bravo hizo que su presencia en la Plaza de Jaén tuviera ayer mucho ambiente.

Volvía a Jaén como matador de toros, ya que toreó aquí siendo novillero una picada de Poli Soriano hace casi una década. Precisamente la última picada que aquí se dio. Y ha llovido desde entonces.

Se estrenó como matador ante un toro, el tercero, que salió con mucho brío para practicamente pararse después y convertirse en un marmolillo. Una faena sin trascedencia por aquello fue un quiero y no puedo del que solamente cabe destacar el macheteo con torería con el que medianamente pudo justificarse Ortega.

Pero en el sexto cambió todo.Y bien mereció la pena porque vimos torear a Juan Ortega con la mayor pureza del mundo. Sus lances a la verónica hicieron rugir la plaza. Toreó de capa como hoy día es muy difícil ver. En los ayudados por alto con que inició su faena de muleta puso al público a cavilar. Veinte muletazos, todo muy despacio, en una faena medida con ritmo en todo lo que hacía y un toreo muy templado.Algunos naturales a cámara lenta, deteniendo el tiempo.

La vuelta al ruedo, paseando las dos orejas, reflejaba en su rostro la felicidad de quien no se cambia por nadie. Toreros así necesita la fiesta.

Al margen de la terna actuante hay que destacar una tarde muy importante por parte de las cuadrillas ya que saludaron en banderillas el jiennense Juan Carlos García en el segundo, Óscar Castellanos en el quinto,Jorge Fuentes en el tercero, Andrés Revuelta en el tercero y sexto, y Perico en el sexto.

Foto: Sebastián Piqueras