Gigantes del ruedo

Por José Luis Marín Weil

Lejos queda aquel 20 de octubre de 1985 en que por primera vez toreó en Jaén el único torero que ha pronunciado el pregón de la feria de San Lucas. El único que tiene una calle en nuestra ciudad. El único que ha hecho el paseíllo aquí en todos los escalafones posibles hasta convertirse en figurón histórico del toreo. Hablo de Enrique Ponce.

La primera vez que toreó en Jaén lo hizo en la parte seria de “El Toronto”, aquel espectáculo cómico taurino musical que se acompañaba de unos monos que también toreaban y sus enanitos forçados. Así se anunciaba en la cartelería y así sucedía en el ruedo.

Más de treinta años después ya no se ven monos toreando becerros. Ni Ponce está anunciado en San Lucas este año. Pero el espectáculo cómico vuelve a anunciarse en Jaén casi una década después y eso no se imaginan lo que me alegra.

Viajando por mi memoria de aficionado necesariamente tengo que situarme en aquella plaza portátil que pusieron en la feria de Ceuta del año 1988, donde presencié por primera vez el espectáculo de “El Bombero Torero”. Y con él, la fragua de la afición que perdura en mí desde entonces hasta hoy.

El toreo cómico forma parte gloriosa de la fiesta de los toros. Si difícil es ponerse delante y torear, hacerlo provocando la risa del público, triplica el mérito.

Espectáculos como “El Empastre”, “Galas de Arte”, o “La Revoltosa”. Nombres como “Llapisera”, “Don Canuto”, “El Chino Torero” o “Arévalo” llenaron de risas y torería a partes iguales las plazas de toros, sin olvidar a quien fuera el torero cómico más grande de la historia: Mario Moreno “Cantinflas”, quien llegó a alternar con “Manolete” en la Monumental de México, donde una escultura lo representa haciendo el paseíllo con su típico ropaje humilde embutido en un lujoso capote de paseo.

Ha habido voces que han solicitado a nuestro Ayuntamiento la cancelación del espectáculo cómico que se anuncia para San Lucas por la participación de los enanitos toreros, provocando el mismo efecto de aquel que lanza una piedra al mar, que por mucho que el agua se expanda acabará la piedra en el fondo. Pues eso, igual. Sólo que en este caso se han chocado contra el Reglamento Taurino Andaluz y sus circunstancias, que evidentemente desconocen. Pero también con lo dispuesto en el artículo 35 de nuestra Constitución, que nos recuerda que “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo”

Y ese es el derecho que ejercen en el ruedo estos toreros cómicos, pequeños de estatura, pero gigantes con el capote, la muleta y la comedia.

 

* Publicado hoy en Diario Viva Jaén