La terna a hombros en la última de San Lucas

Plaza de Toros de Jaén.

Segunda y última corrida de la Feria de San Lucas. Más de media entrada en tarde calurosa.

Dos toros de Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez para rejones y cuatro del “Vellosino” para la lidia a pie, siendo sustituido el tercero por uno de Luis Algarra. De desigual presentación y juego.

 Diego Ventura  Dos orejas y oreja
 Curro Díaz (Celeste y oro) Dos orejas y oreja
 David Fandila “El Fandi” ( Azul noche y oro)  Oreja y oreja

Curro Díaz reeditó y amplificó el triunfo obtenido el día anterior y que le sirvió para entrar en el segundo cartel de feria por la vía de la sustitución. Nuevamente atravesó la puerta grande de la Plaza de Toros de Jaén, sólo que esta vez lo hizo acompañado por sus compañeros de terna: “El Fandi” y Diego Ventura. Magnífica fotografía para la portada de prensa local al día siguiente, indudablemente.

A diferencia del anterior festejo la corrida se fue lidiando conforme a lo previsto inicialmente en el cartel y afortunadamente acudió algo más de público en este segundo festejo. Público alegre, fiestero y con ánimo de flamear pañuelos y solicitar trofeos a la mínima ocasión, tal y como finalmente sucedió. Entre los tres se repartieron ocho orejas, algunas de ellas generosas.

Diego Ventura volvió a pasar por Jaén como un ciclón. Si aún se recuerda su actuación el año anterior, la de este domingo no será menos. No ya sólo por ser un rejoneador que roza la perfección, lo da todo y llega al tendido cuanto hace, sino porque en un giro inverosímil al que ha llegado su rejoneo, en su segundo toro y a lomos del caballo “Dólar”, despojó al jaco de riendas y cabezada, y así llegó a colocar banderillas a dos manos. Cierto es que no es algo nuevo en los ruedos porque hay precedente de ello (Josechu Pérez de Mendoza a lomos de “Cotufa”),pero por inusual, insólito y sobre todo arriesgado, el público jiennense se rindió ante Diego Ventura y se puso en pie. Pena que pinchase hasta dos veces con el rejón de muerte y hubiera de descabellar otras veces hasta doblar el toro. La faena era de rabo seguro.

El primero de Curro Díaz se arrancaba con alegría a los toques. No terminaba nunca de humillar pero permitió a Curro torear con suavidad, con muletazos a cámara lenta y llenos de empaque bajo los sones del pasodoble “Manolete”.

En su segundo, todo lo puso él. Un toro noble que salía siempre distraído al final de cada muletazo y embestía gazapeando. Dejaba hacer el toreo, pero le faltaba un punto de genio y otro igual de transmisión.

“El Fandi” volvía a Jaén, haciendo su paseíllo número 18 por San Lucas, que se dice pronto. Y a pesar de venir arrastrando molestias que le han hecho perder algún festejo reciente no quiso perderse su compromiso con la Feria de Jaén. El primero de su lote se partió un pitón feamente a la salida de un capotazo. El público lo protestó y aunque ya se había iniciado el tercio de banderillas el presidente decidió echarlo para atrás y a los corrales fue devuelto el toro con un par colgando sobre sus lomos.

Como sobrero salió un toro de Luis Algarra bastante más aparente que el resto de los toros del Vellosino. De inicio parecía que el toro podría ofrecer posibilidades, porque tanto con el capote, en banderillas y los primeros muletazos el toro tenía movilidad , pero finalmente acabó resultando un toro desclasado y el toro poco a poco fue perdiendo fuelle. “El Fandi” estuvo por encima.

…y cerró la Feria el “Ñú”.Vaya por delante que no se trata de menospreciar al ganadero ni infravalorar a quien hubo de lidiarlo. A ese toro, llamado por cierto “Leonés-10” , desde el viernes así se le había bautizado por parte de varios aficionados locales cuando en el desencajonamiento, tras bajar de camión y dar varias vueltas por el ruedo, hizo que varios aficionados exclamasen, muy jaeneramente, al verlo… ¿eso qué pollas es?

Un toro con morfología de toro y encornadura similar a la de un Ñú. Cuesta entender que se llegase a embarcar un toro así, que fuera aprobado y que se haya lidiado. Salió el toro con muchos pies, con mucho motor y en el tercio de varas agarró por los pechos al caballo de picar. En la muleta citó el torero granadino desde los medios, con ambas rodillas en tierra y a una distancia considerable. El toro se arrancó de largo y aquello iba cogiendo emoción hasta que el toro ligeramente se lastimó. A partir de eso el toro ya no fue el mismo, pero aún así desarrolló una embestida suavona, casi mejicana, que permitió al “Fandi” torear al ralentí y cuajar una faena interesante. Lo triste es que por entonces hubiera parte del público más pendiente de pedirle música a la Banda Municipal que la faena al sexto.