Setenta años después

Por José Luis Marín Weil

Uno tiene en su vida un imaginario cuaderno donde va anotando sueños. Algunos imposibles y otros al alcance de la mano si se persiguen. Pero también los hay que pueden materializarse si las oportunidades se presentan y hay quien te ayuda a ello.

Viajar a Melilla y ver toros en su plaza era uno de esos sueños que se habían quedado pendientes a lo largo de todos estos años. Oportunidades nunca me faltaron, pero la ocasión nunca llegó a presentarse seriamente.

Melillense es mi abuelo y soy hijo de una ceutí. Siempre suelo decir que de Melilla a Ceuta hay una distancia geógrafica sideral, equiparable a la que dista el Jaén donde resido de Burgos (por ejemplo). Aquellos que más me conocen saben que procedo de una familia que tiene su origen en Alemania y se asentó en las dos ciudades autónomas, más españolas que ningunas, del norte de África. Y de ello presumo.

En Ceuta ví toros a finales de los años ochenta, y a su olvidado pasado taurino he dedicado parte de mi tiempo y mi empeño en estos últimos años, rescatando la memoria taurina de un tiempo ya pasado.

Pero en Melilla la tauromaquia pervive.El destino me ha querido brindar la ocasión de conocer la bautizada por Gregorio Corrochano como “Mezquita del Toreo” cuando esta emblemática plaza cumple sus setenta años de vida. Y justo, setenta años después de aquella tarde en que mi abuelo se quedó con la pena de no poder ver a “Manolete” inaugurar la plaza de su ciudad…he tenido la oportunidad de pisarla, vivirla y sentir en ella la emoción auténtica del toreo.

Una plaza de toros que el destino y la voluntad del Alcalde de Melilla Rafael Álvarez Claro quiso que acabase erigiéndose, majestuosa, allí en el año 1947…en lugar de hacerlo en nuestra ciudad de Jaén que era donde realmente estaba proyectada. ¡Menuda plaza de toros perdimos los jiennenses!

A Melilla peregrinaron muchos aficionados de la península, con el toro como excusa y cada uno con su causa. Por un cartel que invitaba a soñar y que bien hubiera sido lógico haberlo anunciado en Zafra, Trujillo, Almendralejo o Navalmoral de la Mata, al juntar a dos grandiosos toreros extremeños en él: Juan Mora y Antonio Ferrera. Pero no…fue en Melilla donde se programó el cartel más especial de lo que llevo visto en lo que va de año y allí me reencontré con muchos aficionados de la península, entre ellos uno muy especial como es el prestigioso abogado penalista José Ramón García, de cuyo despacho fui pasante en Madrid y que es un acérrimo partidario de Juan Mora, con quien le une una profunda amistad.

Ver una tarde de toros en Melilla me ha supuesto una experiencia taurina diferente. Porque sin duda la pervivencia de la tauromaquia en la Ciudad Autónoma nada tiene que ver con aquello a lo que estamos acostumbrados en la península. De muchas voluntades diferentes y mentalidades distintas depende lo taurino en Melilla. Desde el propio mantenimiento del coso hasta la complejidad de poder dotarlo de un piso de plaza en plenas condiciones pasando por la normativa que hace que los sobreros y las becerras de la capea popular del miércoles no puedan regresar a su ganadería de origen. Y para muestra …la polémica que suscitó en su día el indulto del toro “Miraclaro- 64” de Ignacio González Sánchez- Dalp, que correspondió en suerte a “El Fandi” en la feria del 2013 y que hoy día se encuentra en el taurinísimo bar melillense “La Cantina”.

De Melilla me traigo el cariño de mucha gente, y amistades nuevas. Mi admiración hacia quienes mantienen viva la llama del toreo allí a través de la Asociación Taurina Melillense “Los Medios” con Román al frente, el respeto hacia los dos últimos melillenses que vistieron de luces:Antonio Criado “El Goy” y Adolfo Ramos, quien llegó a torear con picadores en Las Ventas. La ilusión de compartir retransmisión de radio junto a Ricardo Fernández al cabo de varios años de una entrevista inolvidable en su programa, bajo los compases del pasodoble “Melilla Española” ¡Qué mérito hacer un programa taurino de radio  desde Melilla!

Pero sobre todo,me traigo el agradecimiento hacia todos aquellos que me mostraron su cariño hacia mi familia melillense. Aquellos Weil de Melilla a los que un viaje tan vertiginoso me ha dejado sin poder conocer.

Y artífice de todo ello, Juanmi Lucas, quien se ha dejado la vida con tal de que la única tarde de toros que Melilla vive al cabo del año hiciera relucir la “Mezquita del Toreo” , pidiéndome tan sólo un favor en tres días, justo cuando iba a dar comienzo el paseíllo:

  • “José Luis, toma el micrófono y anuncia que sonará el Himno Nacional. Que el público se ponga en pie y agiten las banderas de España que hemos repartido”.

Así lo hice. Lo que ocurrió a continuación se ha hecho viral en las redes sociales. Una plaza de toros entera puesta en pie mostrando el orgullo de ser y sentirse españoles. Más que en ningún sitio, porque por algo llevan quinientos veinte años siendo españoles. Toda su vida.