Una locura con final feliz

Por José Luis Marín Weil

Tan pronto como me lo comentaron lo ví imposible. O más bien me pareció una idea descabellada. Por las fechas, por las formas, por el calentamiento de cabeza que todo eso implica y sobre todo por el altísimo coste económico que algo así, de entrada, conlleva.

No lo veía. Me parecía embarcarse en una auténtica locura que podría no acabar bien. Quizás pequé de pesimista o más bien antepuse la lógica y la razón frente a una simple idea.

Sea como fuere, lo único que se trataba era buscar la fórmula de mínimamente devolver la fiesta de los toros a Martos de una forma real y al cabo de siete años de inactividad profesional, tratar de cortar esa sequía taurina que Martos viene padeciendo a causa de la situación de su Plaza de Toros: cerrada, con defidencias y sin visos de dar espectáculos taurinos por el momento.

En estos tiempos en que los tentaderos públicos proliferan, a veces con buenas intenciones si hay una causa benéfica tras ello y otras reconvertidas en sustitutivos de festejos mayores que siembran dudas, un tentadero público a campo abierto se convertía en propuesta, solución y la vía más rápida. Y admito y reitero que en todo momento me mostré receloso.

Encontrar vacas en pleno mes de agosto para tentar no era fácil. Remover el tejido empresarial para buscar financiación, con el alto complejo social que existe hoy día hacia lo taurino, no iba a ser fácil.Crear, partiendo de cero, un recinto para soltar ganado bravo…también llevaba lo suyo. En definitiva, lo único que allanaba el camino era simplemente contar con un solar cedido para que la idea se pudiera materializar en realidad. Y finalmente se logró.

Cuando hace ahora una semana llegaba a Martos y veía el gentío que impaciente aguardaba a poder ocupar un sitio para presenciar el tentadero, sumado a la improvisada “plaza de tientas” que allí se había instalado, mi sorpresa fue absoluta.

El tentadero se celebró conforme a lo previsto. Éxito artístico, pero sobre todo social, porque quinientas o seiscientas personas respaldaron con su presencia la iniciativa puesta en marcha por el Círculo Cultural Taurino de Martos. Y ojo, allí me encontré a mucha gente conocida de comarcas tan distantes de Martos como son Sierra Mágina, El Condado y Segura.

Mucho mérito tiene lo conseguido por el Círculo Cultural Taurino de Martos, tirando de esfuerzo, perserverancia y mucha imaginación.

A nivel personal me ha dejado una lección: que nada es imposible, si al menos no se intenta. Y a nivel taurino, una evidencia: que Martos quiere toros.