Cuando la espada no entra, se van las orejas

Plaza de Toros de Jaén. Coso de La Alameda
Ganado de “Villamarta” de desigual juego, destacando el segundo.

Novillada de promoción de la Escuela Cultural de Tauromaquia de Jaén.

Francis Reina: Palmas y palmas (Azul cielo y oro)
Eduardo Jurado: Palmas y vuelta al ruedo tras petición (Rosa palo y oro)
Alfonso Robles: Oreja y palmas (Azul pavo y oro)

Una solamente y en cambio muchas más se pudieron cortar en la novillada de promoción. Tuvieron los noveles por delante una novillada para hincharse con el ganado que les enviaron, y la verdad, torearon bien, pero claro cuando se fueron tras la espada se toparon una y otra vez con el hueso de los novillos y las orejas que pudieron llevarse acabaron esfumándose del todo.

Francis Reina, de Priego de Córdoba anduvo tranquilo y sosegado en el primero. Bien en el capote, se lució con la muleta especialmente en las manoletinas del final. En su segundo se encontró con un animal que le dudaba y cabeceaba mucho llegando a enviarle algún que otro gañafón.

También de Priego de Córdoba, el novillero Eduardo Jurado que toreó a placer con la muleta a la izquierda en unos naturales bajando la mano con clase luego de haber lanceado con gusto y mano muy bajo con el capote. Toreó con reposo y elegancia pero fue la maldita espada la que le privó de cortar los máximos trofeos que sin duda alguna ya los llevaba en su esportón, convirtiéndose en un sainete con el estoque y al muchacho se le llegaron a saltar las lágrimas pero ese desánimo dio paso a una predisposición total en el quinto de la tarde aunque precisamente era el novillo el que carecía de disposición y de forma continua enganchaba los engaños al rematar los muletazos y acababa por los suelos al derrumbarse. Puso de su parte ante un novillo sin nada, el público le pidió la oreja y el palco no se la concedió.

Cerraba terna el linarense Alfonso Robles, que a la sazón era debutante en Jaén por ser la primera vez en que hacía el paseíllo en el Coso de La Alameda frente a la tres veces que sus compañeros había toreado en San Lucas vestidos de luces sumado a otras tantas veces más.Y gustó el torero de Linares por sus formas con el capote y su toreo a dos manos con la muleta.Un toreo a pies juntos tanto de capa como de muleta con el que el de Linares centró la atención de muchos.Del primero se llevó una oreja, en cambio en el último de la tarde estuvo voluntarioso y se le despidió con palmas.